Thursday, June 21, 2012

Karma: Justicia Divina



La ley del karma es un ejemplo especial de la ley de causa y efecto que establece que nuestras acciones físicas, verbales y mentales son causas, y nuestras experiencias son sus efectos. La ley del karma enseña por qué cada individuo posee una disposición mental, una apariencia física y unas experiencias únicas. Estas son los efectos de las incontables acciones que cada uno ha realizado en el pasado. Puesto que no hay dos personas que hayan realizado las mismas acciones en vidas pasadas, nadie puede tener los mismos estados mentales, experiencias y apariencia física que otro. Cada ser posee su propio karma individual. 




La palabra karma significa 'acción' y se refiere principalmente a nuestras acciones físicas, verbales y mentales. Las acciones que efectuamos dejan huellas o impresiones en nuestra mente y en nuestro espíritu, muy sutil que, con el tiempo, producen sus correspondientes resultados. Nuestra mente es comparable a un campo de siembra, y las acciones que cometemos, a las semillas que en él se plantan. Las acciones virtuosas (Dharma) son las semillas de nuestra felicidad futura, y las perjudiciales (Karma), las de nuestro sufrimiento. Estas semillas permanecen ocultas en nuestra mente hasta que producen su efecto, cuando se reúnen las condiciones necesarias para su germinación. Además, desde que se realiza la acción original hasta que maduran sus consecuencias, pueden transcurrir varias vidas.

Como resultado de nuestras acciones o karma, renacemos en este mundo impuro. En estas condiciones,  nuestras acciones son impuras porque nuestra mente está contaminada por el veneno interno del aferramiento propio. Este es producido por nuestras propias acciones o karma y no es un castigo impuesto por nadie. Sufrimos porque hemos cometido numerosas acciones perjudiciales en vidas pasadas. El origen de estas malas acciones son nuestras propias perturbaciones mentales, como el odio, el apego y la ignorancia del aferramiento propio.


La Humanidad no puede escapar de esta cadena de consecuencias. El Hombre nunca será libre si la Ley del Karma controla su existencia, es necesario, pues depurar y equilibrar nuestra vida presente.


En la Gnosis, el Karma es simbolizado como una balanza. El platillo derecho corresponde a las buenas obras y se le denomina DARMA. El platillo izquierdo corresponde a las malas obras y se le llama KARMA. Si al pesar nuestras acciones en la balanza, el plato de las buenas acciones es más pesado el resultado sería un Darma (del sánscrito Dharma, significa también realidad o aún virtud), que es la recompensa a nuestras buenas acciones. Por contra, si ocurre lo contrario y el plato de las malas acciones es más pesado el resultado será un Karma para nosotros; es decir, sufrimiento, dolor, adversidades... etc.

Los seres humanos no nacen todos en la misma etapa de desarrollo, el cumplimiento del deber o Dharma permite a la persona evolucionar a partir de esta rueda de nacimiento y muerte, y por tanto pagar su karma.

Y hay algo a tener muy en cuenta: nunca se debe protestar por la situación kármica que cada cual atraviese, pues eso sólo la agravará, siendo más difícil salir de la rueda.
El Karma debe verse como una medicina que nos aplican para que veamos nuestros mayores defectos (causa de la imposición kármica), para que entonces pasemos a depurarlos a través de la muerte mística o psicológica.
Una mirada a nuestro Espejo Kármico o Nicho nos refleja más de lo que vemos a simple vista, pero no todo el mundo tiene la capacidad psíquica de ver más allá de su reflejo, osea, de nosotros mismos.

¿Y quién aplica el Karma? podéis preguntaros, muy simple: La Justicia Divina. El ojo por ojo, no es una frase para saltársela a la ligera, tiene su origen, su causa y su efecto.




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