Thursday, September 29, 2011

La Inteligencia del Corazón I, de R.A.Schwaller de Lubicz


En el espacio "Esoterismo y Simbolismo" iré publicando los 8 textos correspondientes a esta Obra.
He aquí, el primero.


I

EL ESOTERISMO NO TIENE NADA QUE VER
CON UNA VOLUNTAD DE SECRETO, ES
DECIR, CON UN SECRETO CONVENCIONAL.

SI ASÍ fuera, deberíamos considerar que textos como el de las Pirámides
de Egipto, los Vedas y Upanishads indios, el Tao- Te-King chino, el Génesis de
Moisés, los Evangelios y el Apocalipsis, por ejemplo(1), son grandes
mistificaciones.

Si, pongamos por caso, la intención de los Evangelios era dar a los
hombres una moral de honradez, y si el camino para llegar hasta el «Padre» era
explicable, ¿por qué impedirnos alcanzar esta meta hablándonos a través de
parábolas? ¿Por qué esconderían estos textos lo que puede decirse abiertamente
para ayudar a los miserables de este mundo? ¿Por una perversa necesidad de crear
misterios, o «hipnotizar al pueblo», como afirman los materialistas?
¿Porqué el mundo de entonces era demasiado inculto comparado con el nuestro, tan
inteligente? ¿O porqué estos profetas e inspirados divinos no sabían expresarse
mejor?

Tenemos suficientes testimonios acerca de la inteligencia, de la gran
Sabiduría e incluso del elevado grado de civilización alcanzado por los pueblos
del pasado como para prestar atención a suposiciones semejantes.

Por otra parte, ninguna criptografía, ningún jeroglífico es
absolutamente indescifrable. Es absurdo creer que textos como los que nos ha
legado en abundancia el antiguo Egipto presentan un sentido esotérico basado en
este tipo de explicaciones, si este esoterismo puede expresarse por escrito. La
criptografía y el jeroglífico, en la composición de un texto sagrado, no tienen
otra intención que despertar el interés del lector, resaltar un aspecto del
texto, guiar a fin de cuentas hacia su carácter esotérico. Lo mismo ocurre con
los «juegos de palabras» y las parábolas.

El Esoterismo no puede ser escrito ni dicho ni, en consecuencia, ser
traicionado. Hay que estar preparado para captarlo, verlo, escucharlo a su
elección. Esta preparación no es un Saber sino un Poder y sólo puede adquirirse
mediante el esfuerzo de la persona, una lucha contra sus obstáculos y una
victoria sobre su naturaleza animal humana.

Existe una Ciencia Sagrada y desde hace milenios y milenios innumerables
curiosos han intentado en vano penetrar sus «secretos». Como si, con un pico,
quisieran cavar un agujero en el mar. El instrumento debe ser el adecuado. Sólo
se encuentra el Espíritu con el Espíritu y el Esoterismo es el aspecto
espiritual del Mundo, inaccesible a la inteligencia cerebral.

Son charlatanes los que creen poder revelar el esoterismo de tal
enseñanza. Pueden tratar de explicar el sentido subyacente de una palabra o una
fórmula, o sea, un secreto convencional, pero, en la Ciencia Sagrada, lo único
que podrán hacer será sustituir las palabras y de ello resultará, como máximo,
mala literatura en lugar de una idea simple.

El verdadero Iniciado puede guiar a un discípulo dotado para ayudarle a
recorrer el camino de la Consciencia más rápidamente, y el discípulo, que
llegará a etapas de Iluminación gracias a su propia Luz interior, leerá
directamente el esoterismo de cualquier enseñanza Nadie podrá hacerlo en su
lugar.

(1). Es inconcebible que sabios, filólogos, teólogos y en general todos los
estudiosos de la historia no hayan comprendido todavía la importancia de los
textos de las Pirámides. Ningún otro texto sagrado, guardado y transmitido a
través de milenios, ha conservado su forma intacta. Si las transcripciones,
traducciones y comentarios no han alterado el sentido fundamental, sí dejan al
menos un margen de duda respecto a la forma original, vehículo precisamente del
Esoterismo.

En los textos -grabados en piedra-, de las cámaras de las Pirámides de la quinta
dinastía, se conservan desde hace cuatro mil 1 años las palabras inalteradas.
Algunos samaritanos guardan como reliquia sagrada una Biblia que consideran
auténtica y aquí algunos «civilizados» vienen a estos santuarios con jazz en sus
tocadiscos y los turistas ignorantes pero curiosos vienen a secar sus mangas
sobre estas piedras grabadas, en las que cada rasgo, cada alineación, cada
agrupación de los textos, cada color tienen un valor -ya que aquí no podemos
leer estas palabras, conservémoslas al menos para nuestros sucesores-. ¿No fue
un gran mérito de la misión de Bonaparte el haber reconstruido escrupulosamente
los textos cuyo desciframiento parecía imposible?