Monday, August 29, 2011

El arquetipo de la Gran Madre


Según la perspectiva jungiana, la diosa madre en tanto origen sobrenatural del mundo es un concepto innato de la mente humana, anterior al nacimiento, en parte porque la experiencia humana primaria y universal es la de la gestación. Esta idea prenatal se refuerza después del nacimiento, a medida que la madre nutre a su hijo con alimento, afecto y calor, al tiempo que el bebe depende exclusivamente de ella como fuente de consuelo y seguridad.
En esta fase el niño considera "numinosa" (envuelta en una sensación de divinidad) a su madre. Su acto más nimio alcanza una importancia abrumadora y el bebé no tarda en dividirla en la "buena madre", la dadora y protectora, y la "mala madre", la que amenaza y castiga. A medida que el niño crece, paulatinamente la madre se convierte en un todo y, por consiguiente, en un ser ambivalente e individual que combina cualidades benéficas y perjudiciales.
Este proceso infantil se refleja en los relatos míticos de los orígenes del mundo, que suelen representarse como la conciencia que emerge del caos. El caos primigenio también puede describirse como la totalidad de las fuerzas potenciales, ejemplificadas por el extendido símbolo de Uroboros, la serpiente que se muerde la cola y que de esta forma crea un círculo ininterrumpido. El círculo contiene muchos pares aparentemente contradictorios: lo masculino y lo femenino (implícitos en la boca-matriz circular que recibe la cola fálica), la conciencia y el inconsciente, lo productivo y lo destructivo, caracteres que al principio son indistinguibles.
De esta totalidad caótica surgen múltiples entidades que la mente humana clasifica como buenas y malas (y como masculinas y femeninas). Aunque la mente que mitologiza, lo mismo que la del niño muy pequeño, imagina madres buenas -como Sofía o la sabiduría o en el caso de los cristianos o influenciados por los dogmas católicos, la virgen María- y madres malas -como la gorgona, con los cabellos cual serpientes y mirada petrifica, o las sanguinarias Sejmet y Anat-, también elabora otras figuras maternas aún más apremiantes y poderosas: las diosas ambivalente que, como Hera, Afrodita, Kali, Hina, combinan aspectos negativos y positivos. Esta tendencia de la diosa a representar opuestos complementarios como arriba y abajo, creación y destrucción, seguridad y peligro, suelen representarse, tanto en el inconsciente como en la mitología, con imágenes redondeadas de la totalidad que evoca el Uroboros.
La cara de la luna, que en el transcurso de un mes combina la oscuridad y la luz, es uno de los símbolos universales de la diosa. La manzana también suele asociarse con la gran madre, dado que por tradición, si no por autoridad bíblica, es la fruta que Eva (cuyo nombre procede de la expresión "madre de todos") arrancó del árbol del bien y del mal; también es uno de los atributos de Venus y de las Gracias.
El análista jungiano Erich Neumann llevó a cabo un estudio seminal y a fondo de los diversos símbolos maternos en su obra "The Great Mother: An analysis of the Archetype (1963). Llegó a la conclusión de que las obras de arte religioso más arcaicas son "figuras de la solitaria gran diosa, imagen paleolítica de la madre, antes de que el padre existiera en la tierra o en el cielo".

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